Ambas son influencias azarosas, sin embargo, el desarrollo científico de los
últimos 150 años nos permite comprender los mecanismos que subyacen a la
trasmisión de determinados contenidos genéticos entre las generaciones.
En primera instancia, el nuevo ser es fruto, necesariamente, de la mezcla
de los genes de su padres. Esto produce la variabilidad genética tan necesaria
para la sobrevencia de la especia. Esto hace además, que sea menos probable la
manifestación fenotípica de genes más raros o menos favorables (conocidos como genes
recesivos). El hecho de que el nuevo ser sea una mezcla de genes constituye un
mecanismo biológico que tiende a incrementar su posibilidad de sobrevivir.
No obstante lo anterior, la trasmisión genética es un proceso complejo, que
puede estar marcado por mutaciones. No hay garantía, en este proceso, de que no
se trasmitan genes menos aptos o, que el material genético trasmitido, no vaya
a sufrir alguna alteración. Y dado que los genes condicionan a la persona,
cualquier defecto o anomalía a este nivel tiende a ser crónica, pues
permanecerá inscrita de por vida en el código genético del individuo.
Sin embargo, aquí es donde entra en escena la segunda gran fuerza del
desarrollo: la social. Si bien, en el proceso de generación de un nuevo ADN
(ocurrido en las horas posteriores a la fecundación), pueden trasmitirse genes
menos favorable o ocurrir algún tipo de mutación, los avances de la medicina
han permitido que el ser humano intervenga para reparar o menguar el efecto
negativo que puede resultar de este proceso. Por ejemplo, es posible realizar
una operación que repara el defecto congénito del labio leporino, lo que mejora
de manera considerable la calidad de vida de quien lo presenta.
| Prueba de tamizaje |
En esta misma línea, en nuestro país, a partir de inicios de la década de
1990 se practica la prueba de tamizaje. Esta prueba consiste en la detección de
determinados defectos congénitos y se realiza a la totalidad de niños nacidos
el día 4 después de su nacimiento. La realización de esta prueba permite que se
le brinde atención oportuna a quienes presentan estos defectos, lo que impide
que lleguen a mostrar las secuelas resultantes de su no atención. La prueba de
tamizaje impide, por ejemplo, el desarrollo de deficiencias cognitivas gracias
a la acción preventiva y correctiva oportuna de enfermedades como el
hipotiroidismo congénito o la galastosemia.
En un futuro es posible que la ingeniería genética logre reparar estos
defectos en momentos todavía más tempranos de la vida humana, lo que muestra
que muchas veces la curiosidad y perseverancia de nuestra especie pueden
trascender la dimensión genética en aras del bien común.
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